La luz y la tortuga

«Nosotros (la indivisa divinidad que opera en nosotros) hemos soñado el mundo. Lo hemos soñado resistente, misterioso, visible, ubicuo en el espacio y firme en el tiempo; pero hemos consentido en su arquitectura tenues y eternos intersticios de sin razón para saber que es falso.»
Jorge Luis Borges, en Avatares de la Tortuga.

Cuando se reflexiona sobre la vida y obra de Patricio Reig, olvidamos, frente a su historia personal sobre los oficios (arquitectura, pintura, fotografía) que su actividad principal indaga en verdad sobre uno de los más frágiles soportes: la memoria visual.
Basta leer algunos de sus textos para entender hasta qué punto la figura de su padre, las primeras búsquedas sobre el ejercicio de mirar y ser mirado, las primeras cámaras Diana con película de 120 mm, o el recuerdo perfumado de su infancia en San Juan fueron construyendo en parte su sensibilidad, su modo visual de entender al mundo. Dentro de ese modo ocupa un lugar importante su reflexión sobre la relación industria/fotografía. Patricio prefiere alejarse de la corriente que privilegia la novedad por la novedad misma, y elige entonces los mecanismos “simples”, las cámaras oscuras y estenopeicas entre otros.
Los materiales alternativos junto a los tradicionales le permiten literalmente plegar y desplegar la superficie plana, uno de los primeros estatutos de la fotografía. En su serie de imágenes de manos sobre fondos sutilmente desplegados, el cuerpo recupera su capacidad de convertirse en lenguaje, en código de signos que no necesitan de la palabra. Fotos Papeles de Milano nos permite volver a pensar en las posibilidades clasificatorias de la fotografía, con su inquietante paralelismo entre los herbarios antiguos y la retratística.
La melancolía aparece en las imágenes de zapatos y pequeñas fotografías de la serie De la ausencia II , que aluden a cuerpos quizás ausentes, pero recuperados a partir de un instante frágil en una sutil puesta en escena.
Es importante el formato, ya que normalmente asociamos las copias antiguas a cierto límite de tamaño, pero en esta exhibición se puede constatar hasta qué punto el uso de los grandes formatos asocia su producción a estéticas contemporáneas, actualizando de alguna manera aquel carácter de reliquia que imágenes similares pudieron tener.
El artista nos recuerda en algunas de sus reflexiones cómo la historia de la fotografía se remonta a unos 110 años, “lo que vive una tortuga”, una curiosa y casi borgeana forma de cifrar lo que ocurrió desde que Louis Daguerre divulgara sus dioramas y primeros daguerrotipos. En ese tiempo que apenas supera el siglo de existencia, la fotografía pudo construir una historia no exenta de tensiones con otros campos del arte, una tensión que a Reig le gusta investigar y que puede rastrearse a lo largo de sus obras.
En ese lento y breve siglo, algunos artistas vuelven la mirada sobre los pliegues de su obrar, de su oficio, construyendo imágenes que muestran hasta qué punto la dimensión técnica guarda la mirada de cada uno de nosotros.

Virginia Agote
Directora- MPBA/FR